2 de septiembre de 2014

Nuestro incendio infinito.

Nadie sabe como ni cuando saltó la chispa, pero saltó. Saltó y prendió lo que hoy es algo así como un incendio infinito. 
Quizás fueron mis ojos al chocar con los tuyos o tu piel al rozar con la mía, eso explicaría la subida de temperatura al verte o tenerte cerca. Quizás fue el deseo de tenerte cerca, era tan fuerte que quemaba. O quizás fue esa atracción natural que siempre había cuando estábamos cerca, yo podía sentir como ardía de rabia al tenerte cerca y no poder besarte. 
De todas formas, ¿qué importa dónde, cuándo o cómo? Al final la chispa saltó y prendió en nosotros como si fuéramos un simple montón de yesca. Y aquí estamos ahora, flotando en el cielo, a trece mil metros de nuestro incendio infinito. 
Que ironía, ¿no? Quizás es el aire caliente de nuestro incendio que nos empuja hacia arriba cuando sube. Quizás son tus besos que me hacen volar hasta lo más alto. O quizás sean las ganas de amarnos en cualquier sitio.
Sea como sea, me encanta estar a tu lado; me encanta esta sensación continua de que puedo volar y tocar las nubes. Esta sensación de que yo estoy ahí arriba contigo, y ellos quemándose de rabia en nuestro particular incendio. Nuestro incendio infinito.

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