3 de abril de 2016

Mago sin magia

Tenía magia en la mirada, 
pero nunca usaba trucos.

Le bastaba una mirada para abrirme las puertas a un nuevo mundo. Un mundo en el que nada podía salir mal.

Aunque luego volviera rápidamente al mío.
A chocarme con mi yo de ayer dentro de mi cabeza.Y lo peor es que me pregunto qué hago aquí.
Claro, ¿y quién no lo preguntaría? Si estas en la cima y tu yo de mañana aparece con lágrimas como compañeras.

Pero esa era su magia. A veces te hace volar alto y otras a ras de suelo.
Pero esa era su magia. Capaz de conseguir el mayor odio y el mayor placer posible con una sola caricia.

Y yo, que ya solo cumplía inviernos. 
Y él, que cada vez aprendía más trucos.

Como el de romperme y arreglarme con las mismas manos. O el de atraparme y liberarme al mismo tiempo.
Aun así, siempre insisto en que con una mirada tan mágica, no se necesitan trucos.

Y yo, que ya solo cumplía inviernos, 
solo soñaba con que llegara la primavera.

Y una vez más, él hacía su magia, y la única primavera que quedaba estaba entre sus brazos.

Pero, ¿cómo entregarte a quién un día te obligó a irte?
Pero, ¿cómo evitar volver, si la magia te atrapa?

En sus ojos es invierno y es verano; es otoño y primavera. En sus ojos son Abril y Mayo, es martes 13 de algún año bisiesto.

Y yo, que ya solo cumplía inviernos, 
estaba deseando cumplirlos junto a su primavera.
[Así tendríamos un otoño perfecto.]

1 de abril de 2016

Camino fácil / camino correcto

Nunca se como empezar...Esto es una despedida de algo que no iba a tener final.

¿Quién puede hacerte ver los males cuando estás ciego? ¿Quién puede hacerte oír los gritos cuando estás sordo? ¿Quién puede percibir que tu jaula cada vez te ahoga un poco más? 
Ciega por mi causa, sorda por tus gritos, encerrada por palabras. 
Mi jaula cada vez más fría, cada vez más pequeña, cada vez menos oxígeno...Y yo ciega, sin poder ver que los barrotes cada vez me rozaban más la piel. Y yo sorda, sin poder oír palabras sabias fuera de estos barrotes.
Y es justo cuando los hierros de esta oxidada jaula chocan contra mi piel, cuando dejo de estar sorda, y ciega, y enjaulada...Pero, ¿qué puedo hacer si los fríos hierros atraviesan mi piel? Si mi antigua visión ha cambiado y mi mirada pierde el brillo. Mis oídos solo escuchan lo que dices tú, aunque lo oigan todo...

Y de nuevo al principio de la historia. Los hierros dejan de doler, mis ojos se cierran y mis oídos se taponan. 
Y de nuevo al final de la historia. Mi piel sangrando, los ojos empañados y los oídos aforados.

Vida cíclica. Constante alegría que lleva después a un contínuo sufrimiento. 
Es hora de apartar las rejas, de abrir los ojos y aumentar la capacidad de audición. Hay que agudizar todos los sentidos. 
Y es entonces cuando veo que puedo cambiar la historia (o intentarlo, al menos).

¿Realmente merece la pena las heridas, los ojos ciegos y los oídos sordos? No importa nada si la recompensa no equipara el sufrimiento vivido. 


Y ahí fue cuando abrí mis ojos, escuché a quién nunca antes, y con todo el coraje que pude imaginar, partí los barrotes de mi jaula. 


Uno a uno. Uno tras otro. No dejé ni rastro de lo que antes había sido una cárcel. 
O bueno, igual quedó algo por el camino. Puede que recuerdos, historias y sensaciones que quería dejar atrás. O que debía dejar atrás [(nunca lo sabré) O quizás si].